domingo, 10 de agosto de 2014

Trece Rosas, Ningún Perdón





Sin justicia, la indulgencia sólo es humillación


Porque no serían trece los olvidos sino la desmemoria de miles.

Porque además de trece rosas, de trece nombres, de trece vidas, fueron docenas de noches de terror, de rabia e impotencia, de llantos, de soledad acompañada, de compañías lejanas que también lloraban idéntico dolor más allá de los barrotes, de esperanzas renacidas y de esperanzas machacadas, una y otra vez, de sonrisas en la boca -que no en los ojos- dedicadas a aquellas otras rosas a las que la tristeza también marchitaba.

Docenas de noches y un alba, una sola, con la madrugada adelantada. Una amanecida de pasos, de despedidas, de portazos, de camiones, de filas, de última respiración, de quién sabe qué postrer pensamiento, de detonaciones, de un “Viva la…” mutilado atravesando al aire al mismo tiempo que una bala traspasaba el pecho que lo gritaba. Una aurora de corolas desangrándose en la tapia de un cementerio hacia charcos de valentía y dignidad. Nueve gotas eran menores de edad. Todas eran inocentes.

El perdón son flores que sólo pueden brotar sobre la lápida de la justicia. Sin ésta, la clemencia es escupir encima de los muertos. No nos lo pidáis porque no perdonaremos, no mientras nos exijáis los pétalos pero nos entreguéis las espinas.

La espina de la omisión en los libros de texto.

La espina de la burla en los nombres de las calles y en los muros de las iglesias.

La espina de los mausoleos para los criminales y las cunetas para las víctimas.

La espina de no haber devuelto lo robado, de no haber reconocido y honrado al perseguido y asesinado, de no haber juzgado y condenado a los ladrones y asesinos. La espina de haberles entregado sueldos y cargos vitalicios, la de guardar su guerrera de fascistas en el armario de la amnesia y la de vestirlos con el traje de políticos sacado del ropero de la democracia.

La espina, miserable y repugnante como pocas, de escuchar decir a Joaquín Leguina, socialista al igual que las trece muertas, que “hay viejos que creen rejuvenecer casándose con jovencitas y otros yendo a manifestaciones republicanas”.

No, no pensamos pronunciar trece indulgencias porque nos negamos a tener que sostener la mirada de decepción de veintiséis mil cuencas vacías, y a que nos acusen de vendidos y cobardes trece mil voces desde trece mil gargantas descarnadas, o trece veces trece mil, o trece por trece veces trece mil... Quién sabe cuántas: las suyas, las de sus hijos y las de sus nietos, las de sus hermanos. Ni tan siquiera podemos contar a nuestros muertos, son tantos los que están perdidos todavía, pero a cambio llevamos décadas contemplando los rostros sonrientes de los que los asesinaron.

Y escuchando su voz desde los estrados.

Y viéndolos pasar escoltados en coches oficiales.

Y aguantando sus funerales de estado con honores.

Y oyendo discursos hagiográficos sobre su figura.

Y leyendo sobre sus servicios a la patria en los libros de historia.

Y soportando que sus hijos hereden ideas, poder y disfraz.

Julia, Carmen, Pilar, Blanca, Adelina, Elena, Virtudes, Ana, Joaquina, Dionisia, Victoria, Luisa y Martina, es verdad que juntas no sumáis todo el sufrimiento padecido, ni toda la iniquidad derrochada, ni toda la brutalidad demostrada, ni todo el horror experimentado, ni todas las lágrimas derramadas, ni todos los fusilados… Pero porque de las últimas palabras de la mayoría de ellos sólo nos queda el eco de un desconocimiento desgarrador, sí que se resume en dos frases vuestras el deseo, el último consuelo, la única compensación para cada rosa arrancada en tantos años de vergüenza, crimen y miseria -sobre todo moral, la peor-, frases que en nosotros son promesa al igual que en otros significan vuestra segunda, vuestra decimotercera, vuestra septuagésimoquinta ejecución.

“Que mi nombre no se borre en la historia” (Julia Conesa)

“No nos olvidéis nunca” (Adelina García)

No lo permitiremos, Julia. No lo haremos, Adelina. 

Os lo juramos, Trece Rosas.

(Pasadas por las armas el 5 de agosto de 1939 junto a un muro del cementerio de la Almudena, en Madrid).

jueves, 3 de enero de 2013

Adiós a la España recto de Europa


La España con la que juramos acabar

Por el recto de Europa van entrando supositorios, capsulita tras capsulita, procedentes en apariencia de diferentes laboratorios pero con una Junta de accionistas común para todos ellos. Son las franquicias del Estado.
Y ese esfínter peninsular llamado España que, cual agujero negro, todo lo admite, sufre en silencio las hemorroides de su ignorancia y su mansedumbre. O puede que no tanta mansedumbre, ni tanta ignorancia ni silencio ya. Y puede que algunos que no fueron capaces de ver agitarse las antorchas al otro lado de las ventanas pronto perciban el olor y griten el dolor de su piel quemada.
En aquellos países que se dicen avanzados el pasado se exhala y el futuro se inhala para llenar el pulmón social de un aire cada vez menos viciado. Aquí el ciclo de la respiración funciona al revés porque hasta para eso dispone de poder un Consejo de Ministros del PP. No tiene suerte la Ilustración en España y cada vez que quiere traspasar los Pirineos se encuentra a los cancerberos de la ranciedad cortándole el paso.
Cortándole el paso a un País en el que:
Ciertos líderes políticos tratan de apestados a los homosexuales.
Se prohíbe a los afectados por VIH ejercer su legítimo derecho a trabajar como taxistas.
Tiene más poderla Iglesia que el movimiento 15M.
Se consuela a los padres de fallecidas por negligencias municipales explicándoles que ya se le pide a la Virgen por el descanso de las jóvenes muertas.
En un País en el que los toreros son héroes y los toros condenados a muerte.
En un País en el que perder el trabajo supone perder la casa y a menudo la vida.
En un País en el que los bancos roban al Pueblo y el Estado cobra al Pueblo para regalar a los bancos.
Donde a David Reboredo se le niega el indulto.
Donde Alfón continúa encarcelado.
Donde Urdangarín permanece en libertad.
En el País en el que un cargo político se coloca sobre la cabeza los testículos del animal al que asesinó y se hace una foto sonriendo orgulloso.
Y mucho más…
Sí, en España, en el recto de Europa.
La España casposa,la España que exhibe rabo y orejas porque no puede mostrar corazón ni cerebro,la España cada día más pequeña, más rodeada, más agónica y ridícula,la España que a muchos nos gustaría ver desaparecer con 2012, pero como parece que no vamos a conseguir que así sea, este año juramos no descansar hasta lograrlo.
Porque hay muertos que no pueden esperar por el bien de los vivos. Y nosotros, cada vez más, nos encargaremos de matarlos.
¡Palabra!

jueves, 14 de junio de 2012

¿España?... Que alguien me pase la bolsita para el mareo


Un señor entra en mi casa y veo, muy tranquilo, cómo lo hace. No es que le crea un amigo pero sí alguien que viene a sugerirme ideas y ofrecerme soluciones para convertirme la vida en más fácil. Y yo le dejo a su aire. Recorre libremente todas las estancias mientras continúo a mis cosas confiado en su indudable profesionalidad. Pero cuando me quiero dar cuenta ese individuo se ha llevado de mi nevera hasta la mermelada caducada, ha vaciado mis cajones y tiene en sus manos las llaves de mi coche. Perdón, quería decir de "su" nevera, de "sus" cajones y "su" coche, porque resulta que asombrado descubro que ahora "mi" casa es "su" casa. Me enseña, para que no dude, el título de propiedad, porque no crean que ha huido tal cual haría un ratero que me hubiese birlado la cartera en el Metro, no, éste sigue delante de mí e incluso está sonriendo burlón, como diciéndome: "no sólo te he limpiado sino que encima eres un completo mentecato".

Claro, yo acudo desesperado a la comisaría más cercana, presento una denuncia y ésta acaba en manos del Juez. ¿Y saben cuál es la sentencia del Señor Letrado?: que yo, el que confíó en la honestidad del hombre al que dejé entrar en mi hogar, al que ese individuo le arrebató absolutamente todo, soy condenado a hacerme cargo de un crédito que le ha sido concedido a é, sí, a mi atracador, para que termine de pagar la vivienda y el vehículo que me sustrajo, y ya de paso instalar jacuzzi en la primera y ponerle llantas de aleación al segundo. Parece una broma o un desvarío, ¿no? Pues no lo es.

Y es que si todo esto lo trasladan de un domicilio particular a un País, de mí a infinidad de ciudadanos, y de un chorizo concreto a ciertos políticos, empresarios, bancos y adláteres, entiendo que el ejemplo es perfectamente aplicable a lo que está ocurriendo en España. Nos mienten, roban, NOS roban, y ahora los saqueadores reciben una fortuna de manos de los que manejan la pasta siendo nosotros, las víctimas del pillaje y los que carecemos hasta de lo básico, quienes tendremos que satisfacer el préstamo y sus intereses. Pero no solo eso, es que encima la letra pequeña del crédito nos retrotrae a un pasado en el que apenas teníamos derechos pero tampoco débitos. Ahora nos usurpan los primeros y nos cargan de los segundos.

El Gobierno nos está llamando imbéciles al engañarnos, nos toma por estúpidos al convertirnos en los que tienen que apoquinar el precio de un dinero que va para los suyos, nos asume como idiotas al seguir sin privarse de nada estos últimos, los mismos que se llevaron todo, y al fin nos da palmaditas en la espalda diciéndonos: "y es que además sois unos gilipollas", al devolvernos a una realidad social similar a la que teníamos cuando no había democracia. ¿He dicho democracia" Una m......

Y mientras pido limosa en una esquina para poder pagar las letras de esa casa que ya no es mi casa ¿saben qué veo?: al que se quedó con ella entrar en una cafetería, pedirse un cubata y ponerse a ver la final de la Eurocopa, esa que le ha costado la vida a cientos de miles de perros. Sí, ¡soy un gilipollas!

viernes, 4 de mayo de 2012

Cuando sólo queda una salida



España, hueles a mansedumbre y miedo















Cuando la esperanza deja de habitar en el corazón para deslizarse húmeda y salada por las mejillas.

Cuando la rabia empuja al estómago con sus brazos ígneos hasta situarlo, mejor dicho, hasta atrancarlo en la garganta.

Cuando en la nuca se dibuja la huella de una bota.

Cuando la risa de los que tienen su pie metido en ella la percibimos con mayor intensidad que las protestas de aquellos que les sirven de alfombrilla y hasta de escupidera.

Cuando el verbo “perder” ya carece de cualquier complemento directo y los de “ganar” son justicia y dignidad.

Cuando el presente se asemeja más al pasado lejano que al reciente.

Cuando pensar en el futuro se antoja inútil y estúpido porque el ahora nos está matando.

Cuando en cada manifestación hay policías infiltrados.

Cuando abrir la boca o levantar los puños durante las mismas es razón suficiente y legalmente justificada para que te hundan una porra en el vientre.

Cuando perder un ojo o la vida por un pelotazo de goma salido del arma reglamentaria de un miembro de las fuerzas de seguridad de Estado no es razón para nada.

Cuando nos explican, sin el menor sonrojo, que Gandhi también habría sido esposado y detenido por permanecer pacíficamente sentado.

Cuando cada respiración nos anega los pulmones de amargura y la boca de bilis.

Cuando la tauromaquia viene a ocupar el espacio que fue robado a la educación o a la cultura y nos exigen que la defendamos orgullosos.

Cuando los principales medios de comunicación se convierten en gacetillas al servicio de La Corte

Cuando un Rey, como persona y como Institución, se transforma en el primer transgresor de aquellos principios inquebrantables que con su firma refrenda.

Cuando en un País que se declara como democracia participativa la Monarquía es una imposición incuestionable.

Cuando en las calles la sombra de cada paseante, caminando ante los cierres bajados de pequeños negocios y abiertos de bancos privados y bien inyectados de unas ayudas que eran para los más desprotegidos, es una mancha oscura de tristeza, desesperanza y miedo.

Cuando buscar comida en un contenedor se ha convertido en un delito.

Cuando los verdaderos culpables del hambre están más empachados que nunca.

Cuando tantos esperamos a que alguien haga algo sin comprender que ese alguien también somos nosotros.

Cuando nos toman por esclavos, por cobardes, por idiotas, y con el rostro aplastado contra el suelo bajo el peso de aquellas botas del principio nos damos cuenta que, efectivamente, somos serviles, mansos, pusilánimes e imbéciles, es porque sin duda es el momento de escoger la única, sí, la única alternativa posible para no seguir sumando “cuandos”: la rebeldía, el “hasta aquí hemos llegado”, el “no seguiremos siendo cómplices y víctimas a la vez”, el “NO pasarán”.

¿Qué esa decisión implica sacrificio y hasta dolor? Es cierto, pero también en verdad que ahora padecemos ambos y lo hacemos para que otros, nuestros verdugos, sean los exclusivos beneficiarios de nuestros quebrantos.

España, ¡DESPIERTA!, hazlo so pena de que tus hijos tengan que buscarte en una cuneta como a sus bisabuelos. Pero con la diferencia de que al abrir sus fosas emane un olor a coraje y de las tuyas exhale un hedor a sumisión.


domingo, 8 de abril de 2012

Nueve años sin José Couso



3285 días de impunidad para los criminales


Nueve años de tu muerte en una "acción de guerra". Nueve años de tu asesinato en una orden dictada y cumplida por militares con nombre y apellidos. Nueve años de mordazas, amenazas, presiones, mentiras, cobardía y mezquindad para tapar la verdad, para encubrir a los responsables, para proteger a sus encubridores, para que la justicia se pudra al tiempo que tu cuerpo. Nueve años de presuntas intrigas entre embajadores, fiscales generales del Estado, fiscales generales de la Audiencia Nacional, presidentes del Gobierno y militares estadounidenses encaminadas a ocultar delitos e impedir la investigación. Nueve años de ultraje y dolor a una familia, a unos amigos, a unos compañeros, a unos ciudadanos que no te olvidan, ni a ti ni a los que te mataron. Nueve años de vergüenza sin José Couso. Un periodista, un hombre asesinado hace nueve años en el Hotel Palestine de Irak.



martes, 7 de febrero de 2012

España, camisa azul de mi desesperanza















El Juez Baltasar Garzón criminalizado; la justicia inhibiéndose para juzgar a miembros de la familia real; cordón sanitario institucional ante el descubrimiento, nada sorprendente por otra parte, de las “presuntas” filias del Monarca por los golpistas del 23-F; más dinero para la tauromaquia; supresión de la asignatura de Educación para la Ciudadanía… No quiero excederme en extensión pero la lista sería larga, dramáticamente larga.













Escucho proveniente de la zona de Cuelgamuros un batir de mandíbulas descarnadas. Es Francisco Franco desencajándose el maxilar de la risa desde su tumba, esa que también se negarán a abrir para trasladar sus infamantes restos. Y no es para menos el jolgorio del esquelético General, pues treinta y seis años después de su muerte está más vivo que nunca.











Pedimos, algunos, la recuperación de la memoria histórica. Creo que nos la han concedido, pero la de la fascista. Hoy se redime, si es que alguna vez fueron condenados, que pienso que no, el recuerdo de los asesinos, y se arroja un poco más de tierra sobre las fosas anónimas de los que dejaron su vida por evitar el sometimiento en la suya y en la nuestra. ¿Sirvió de algo su sacrificio? Yo lo dudo. No nos merecemos su apellido ni llevar la sangre que derramaron.













España pacata, cobarde, servil, cortesana y fascistoide: ganas terreno y somos nosotros los que ponemos a tus pies la alfombra vergonzosa del reconocimiento para que sigas avanzando a paso de cruzada y esparciendo tu sórdido hálito en blanco y negro. Lo hemos hecho al entregar el poder a los que añoran al Caudillo de calavera risueña y ponen en práctica algunos de sus mismos métodos, la única diferencia radica es que a los de antaño los denominamos dictatoriales y a estos constitucionales y democráticos.















Siento asco, pero no importa, aquí casi nada importa si requiere enfrentarse al sistema. Seguiremos sin encontrar la dignidad porque, necios de nosotros, ni reconocemos haberla perdido. En eso, mi admiración por su miserable habilidad a los que nos domesticaron, realmente supieron hacerlo tan bien, que ni cuenta nos dimos que de El Pardo a Moncloa pasando por Zarzuela continuamos bajo el mismo yugo, flechas incluidas. Sí, Millán Astray, tú también puedes descoyuntarte a carcajadas por ver tu deseo cumplido: la inteligencia colectiva agoniza.

miércoles, 18 de enero de 2012

No lloraré por ti Manuel


Son tus víctimas las que me duelen



















Discúlpame por no llorar tu ausencia, pero demasiadas lágrimas dejasteis tú y los tuyos a vuestro paso sin que a ninguno os conmoviesen, como para ahora derramarlas porque te hayas ido a ese lugar al que a tantos enviasteis. Tú también, pues eras, por acción o por connivencia, uno más entre ellos, que para que una mano ejecute otras muchas han de sostenerla, y la tuya jamás dio muestras de temblar al rubricar, cual lacayo que eras, los crímenes que tu señor te demandaba.




















Llegan las alabanzas y sin embargo no fue tu mérito morirte, pero sí tu demérito cómo y para qué viviste. Y no me sirve como consuelo ni penitencia un pasado reciente sin firmas condenatorias, sin órdenes de cargas, sin amenazas ni justificaciones de asesinatos... Perdón, en estas últimas sí fuiste pródigo hasta el último de tus días, ya que sabías que hurgar en los archivos equivaldría a encontrar tu nombre vinculado al de algunas víctimas. Así, te subiste a esa nueva etapa para continuar viaje pero sin desembarazarte de tu equipaje anterior, ese en el que escondías el miedo, el dolor y la sangre de aquellos cuyo recuerdo parece que nunca consiguió atormentarte.



















Jamás una Carta, por muy Magna que sea, podrá envolver y ocultar las persecuciones, los tiros a manos atadas o los cuerpos reventados sobre la acera. No hubo un gesto, una palabra de reconocimiento, de arrepentimiento o de perdón, sólo la transformación en la forma que no en el fondo de quien era tan soberbio como hábil. Pero hay algo que nunca pudisteis enterrar: la memoria. Echasteis tierra encima de los cuerpos y olvido sobre las responsabilidades. Sin embargo todo eso no bastó, pues la historia es imposible de borrar y algún día, su interpretación no responderá a pactos pusilánimes de silencio.















He de reconocer que te habrás marchado de este mundo con una sonrisa, y no es para menos cuando la justicia, en tu caso, convirtió su venda en mordaza para las conciencias y las bocas, y que de ese modo asistiéramos al encumbramiento continuado de quien puso su sable al servicio de los sayones. Pero en las horas siguientes a tu muerte, Manuel Fraga Iribarne, mientras unos lloran por tu recuerdo, otros escogemos pensar en los Ruano, los Grimau, los mineros y otros tantos para los que resta el desprecio mientras tú te llevas los dudosos honores de la servidumbre de los cobardes.


sábado, 10 de diciembre de 2011

El "Rojos al paredón" sigue vivo


Cuando un individuo al que sólo le escuchan su botella, su perro y un transeunte que se detuvo por curiosidad habla de igualdad, justicia o revolución, no hay sensación de riesgo ni se hace necesario actuar contra él, porque su discurso queda diluido entre el anonimato, la soledad y el desprecio. En cambio, si provienen de una persona con aptitudes para expresarse, cuyo bagaje cultural le permite apoyar con datos todo cuanto dice y con capacidad para reunir oyentes la cosa varía, pues se enciende la luz de alerta ante la posibilidad de que ese sujeto "subversivo" logre invitar a la reflexión y al pensamiento crítico como prólogo a una actitud de rebeldía social que pueda devenir en la exigencia de una transformación del sistema.




Pues eso es justamente lo que le está pasando a Rafael Narbona. Licenciado en Filosofía, crítico cultural, escritor y profesor en un Instituto en San Fernando de Henares (Madrid), se ha convertido en ampolla a reventar para unos cuantos muy nerviosos ante sus ideas y su talento para transmitirlas. Hay que decir que son más - entre alumnos, padres de éstos y seguidores de su trabajo -, los que reconocen su valía, admiran su coraje y sinceridad, se entusiasman con su compromiso y ven en él un referente. Pero los otros, los irritados, con ser menos emplean tácticas fascistas, lo que los convierte en sujetos muy peligrosos.






Hace unas cuantas semanas apareció pintado en un muro del centro escolar donde imparte clase su nombre junto a la palabra "Comunista". Se podrá pensar que no es para tanto, pero sí lo es, sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de un ayuntamiento con un importante núcleo de skinheads que ya amenazaron de muerte por este medio a más profesores e incluso a sus hijos. Tanto es así que el periódico más vendido de este País publicó en aquel momento la noticia sobre los escritos intimidatorios.


El siguiente paso contra Rafael Narbona ha sido un dossier elaborado por miembros del AMPA de su Instituto, en el que adjuntando fotografías y textos suyos extraídos de internet lo califican de delincuente y alimentan el odio presente en la pintada, el camino más rápido para convertirlo en objetivo del grupo ultra, un colectivo de cuyos métodos criminales tenemos sobradas y trágicas muestras en la historia más reciente.

No hay duda de que en la España de Franco este docente habría sido fusilado. La pregunta es si los españoles de la "democracia", podemos permitir semejante persecución contra un hombre porque sus palabras resulten molestas a aquellos a los que términos como libertad, imparcialidad, equidad o renovación, les ofenden hasta tal punto que no tienen incoveniente en dibujar una diana alrededor de su cabeza. Esto no es un juego, los skinheads han demostrado que no les duele golpear y matar llegada la ocasión. Y hay un profesor de Instituto llamado Rafael Narbona cada vez más cercado por nostálgicos de una extrema derecha que el único argumento que conocen es la violencia del muchos contra uno. No, no es un juego, y espero que mañana no se convierta en otro suceso que los políticos de turno lamenten y condenen. Tarde, muy tarde, como siempre.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Testigos miserables (La degradación humana, un espacio sin límites)

Puede parecer que este texto no guarda demasiada relación con los temas de los que me suelo ocupar en este blog, pero sí la tiene, porque bajo lo ocurrido subyace más de lo mismo: una sociedad con muchos de sus miembros enfermos de egoísmo y cobardía. 


Hace pocos días un nuevo accidente de tráfico se llevó la vida de una persona en la calzada conocida como la Vía Rápida del Morrazo, en la provincia de Pontevedra. Abierta en 2005, se trata de una carretera que costó 4,6 millones de euros por kilómetro construido y que abrió en canal parajes cuya hermosura ha quedado marcada por una cicatriz bituminosa y sangrienta. Para referirse a ella es común escuchar en la gente de la zona otra denominación: “El corredor de la muerte”.

Ya no es posible circular por ese remedo de autovía sin encontrarse cada pocos metros con manchas siniestras sobre el asfalto y flores en las biondas. Los restos de animales destripados son también una estampa habitual, acrecentada porque la zona es generosa en tecores de caza, y las desdichadas presas de los escopeteros huyen de los disparos, hallando a menudo bajo unos neumáticos el final que les deparaba el plomo al que consiguieron burlar. El lamentable estado de los vallados cinegéticos y la ausencia de pasos de fauna contribuyen a esta carnicería que incluye jabalíes, perros, gatos, zorros, erizos y hasta caballos, sin microchip, claro.

Pero volvamos a la tragedia humana que inspira este escrito. La víctima mortal esta vez se llamaba Yasmina. Acudía a su trabajo cuidando a unos niños cuando invadió con su coche el sentido contrario. Su cadáver hace el número diez en los dos últimos años. Es un simple número que forma parte de una estadística desgarradora, un guarismo con nombre propio, padres, hermanos, pareja y sueños que se quedaron hechos trizas entre la chapa, el asiento y el salpicadero. Tenía veinte años.

Pero al drama inenarrable que este suceso constituye se le suma un hecho incomprensible, terrible, abyecto y desolador: la investigación pretende determinar cuáles fueron las causas que hicieron que esta chica irrumpiese en el otro carril, ya que la conductora que iba en el segundo coche involucrado y que se la encontró sin tener tiempo a frenar, una mujer que afortunadamente resultó herida leve, no pudo aportar demasiados datos sobre lo ocurrido. Pero la guardia civil sabe que detrás de esta última circulaban otros dos vehículos que lógicamente tuvieron que verlo ya que todo ocurrió delante de ellos. Sin embargo no podrán preguntárselo porque ambos pasaron de largo. Como lo leen: esquivaron los restos destrozados de los automóviles, unos amasijos con seres humanos en su interior y siguieron adelante. Cuesta creerlo pero así es.

Estamos hablando de al menos dos personas que son testigos directos y únicos de una colisión brutal, en la que para cualquiera es evidente que necesariamente tiene que haber muy graves consecuencias para los implicados, y lo estamos haciendo también de no detenerse para ayudarles, para señalizar el accidente y para llamar a los servicios de emergencia. Nos referimos a que cada una de ellas continúan hacia su trabajo, su casa o donde maldita sea quiera que fuesen como si nada hubiese ocurrido ante sus narices. Describimos, sin duda, el comportamiento de dos miserables, de dos malnacidas o malnacidos que merecen no dormir tranquilos ni un solo día en lo que les reste de sus rastreras y malsanas vidas.

Muchas veces me he preguntado cómo tantas personas pueden atropellar a un perro o a un gato, o cruzarse con uno al que otro se haya llevado por delante y, aún cuando parezca alentar todavía, seguir con su marcha sin pararse para comprobar si efectivamente el animal continúa con vida y trasladarlo a un centro veterinario en ese caso para intentar salvarlo. A la vista de lo ocurrido en el Corredor de la muerte del Morrazo con esos dos conductores, a los que calificarles de mezquinos o cobardes es un halago y cuyo proceder suscita cuando menos nauseas, todas las demás actitudes insolidarias y despreciables quedan explicadas, aunque lo hagan de un modo espantoso. Cuesta imaginar mayor ruindad moral que la mostrada por esos seres infames así como tratar de reconstruir qué pudo pasar por sus infectas mentes para no detenerse.

No creo que puedan ya localizarlos, son dos canallas anónimos, pero espero que si lo hacen reciban un castigo acorde con su actitud, criminal además de repugnante. En casos como este la ley debería aplicarse sin atenuantes, y es que para mayor sobrecogimiento nos referimos a personas sin responsabilidad en el accidente y que por lo tanto, nada tendrían que temer ante la llegada de las autoridades . Y si al fin no son identificados, confío en que el destino les depare con creces la maldad de la que han hecho gala. De cualquier modo, esta aberración, más común de lo que creemos, tendría que servirnos para preguntarnos qué clase sociedad somos, cuál es la degeneración de nuestros valores, y cómo puede nuestra ética haberse pervertido hasta tal punto. La combinación de asco y pavor que a veces provoca la especie humana es inconmensurable y el relato de su proceder estremecedor.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

20 N: El Regreso

Nunca como hasta ahora había tenido una sensación tan intensa de estar a punto de entrar por la puerta de salida. De acercarme a lo que siendo ayer un final, se transforma hoy en principio de una historia conocida, funesta, y parece que inútil. Siento que lo que probablemente ocurrirá el 20 de noviembre, lo acusaremos como un terrible empujón hacia atrás para revivir un franquismo sociológico que se viene gestando desde hace tiempo, pues la derecha de apariencia moderada y la más radical, ambas amparadas por unas mismas siglas, si algo han aprendido en todos estos años, es que las víctimas cuando no sangran dejan de parecerlo. Por eso somos unos cadáveres con tan buen aspecto pero cubiertos de heridas como los que reposan en las fosas abiertas por los mentores de estos herederos del espíritu del 36.

Al principio, con la memoria reciente y las víctimas directas todavía entre nosotros, lo de manifestarse acorde con su verdadera ideología lo hacían con diplomacia. Pero poco a poco, porque así lo requiere su estrategia y porque la labor efectuada para obtener la aceptación de la sociedad les ha funcionado bien, asoman ya sin apenas pudor por las pústulas de esta democracia que nació degenerada, enferma. Y lo hizo al brotar sobre las semillas esparcidas por los que durante tantos años la ahogaron en represión, sabedores de que algún día volverían, con nuevos rostros y discursos, pero siendo ellos al fin y al cabo.

Aunque confieso sentir alivio al ver que se han arrancado la máscara. Por más que me repugnen sus rostros originales quiero contemplarlos así, tal cual son. Y es que si algo me produce más nauseas que la mezquindad de ciertas acciones humanas, es el empeño en maquillarlas por parte de los que las perpetran. Estos ya no se molestan en disimular. El Partido que va a gobernar España en breve, una formación que alberga a personajes vinculados a concepciones de gobierno despóticas y elitistas, huele el triunfo desde hace tiempo, una victoria de la que se siente tan seguro, que se permite el lujo de lanzar mensajes que harían que los que en el pasado se dejaron la vida porque disfrutásemos de una libertad y dignidad a las que hemos renunciado, escupiesen sobre nosotros su desprecio. Hay conductas imposibles de perdonar.







Cómo me cuesta entender al ser humano. Se nos llena la boca hablando de paz y de respeto a los derechos de todos los seres. Se nos encoge el estómago ante la injusticia y la desigualdad. Sonreímos felices cuando en el mundo de la ficción al rico se le quita una parte de su fortuna para dársela al pobre. Cuando el animal se salva y el cazador se queda con las ganas de matarlo. Nos encanta imaginar y jurar que defendemos una sociedad no piramidal en la que todos disfruten de las mismas oportunidades. Somos tan justos como solidarios y rebeldes... en sueños. Pero al despertar, le entregamos nuestro voto a los más totalitaristas, reaccionarios, clasistas, corruptos, codiciosos y censores. Vaya progresistas y revolucionarios de edredón que estamos hechos, y qué mansos e ignorantes nos mostramos en nuestra vigilia. Y ellos frotándose las manos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Fin del terrorismo... A medias


















España: más de cuatro millones de parados. Entre abril y junio de 2011 se tramitaron 16.464 desahucios. 160.000 familias españolas permanecen inmersas en procesos de ejecución hipotecaria. En miles de hogares ninguno de sus miembros trabaja o cobra algún tipo de prestación. Los comedores sociales están colapsados y las ONGs carecen de recursos para atender necesidades básicas por culpa del empobrecimiento ...






















España: las condiciones laborales - para aquellos que todavía tienen un empleo - son cada vez más precarias, y se está retrocediendo a muchos años atrás en cuanto a protección legal al trabajador. Los pequeños empresarios están ahogados mientras son lícitas indemnizaciones millonarias para ciertos ejecutivos. Se entregan cantidades ingentes de dinero público a los bancos, los mismos que tuvieron una responsabilidad fundamental en la crisis que desangra a los españoles (no a todos)...




















España: el Estado vende armas a países sospechosos de estar vulnerando los derechos humanos. Represión policial con violencia al movimiento 15M en diferentes ciudades. Detenciones de artistas por considerar sus letras subversivas. Se discrimina a las formaciones políticas no mayoritarias no pudiendo concurrir éstas en igualdad de condiciones. Absoluto desprecio a la memoria histórica y a los asesinatos acaecidos durante la dictadura. Impunidad para un expresidente implicado en una decisión que costó innumerables vidas en Irak. Los casos de brutalidad policial durante la "democracia", varios de ellos con resultado fatal, pasan al olvido...





















España: la tortura y muerte de animales como negocio, espectáculo o deporte es lícita y recibe importantes subvenciones por parte de la administración. Se incumplen sistemáticamente normas respecto al estado de los animales en los zoológicos o a su transporte en los destinados a convertirse en comida. Se ignoran las denuncias sobre la situación que padecen en determinados circos que se establecen en nuestras ciudades y se criminaliza al movimiento en defensa de estos seres.


















España: a la educación y a la sanidad públicas se les aplican cada vez más recortes. Se privatiza todo lo privatizable y hasta lo que no podría serlo nunca por constituir un servicio esencial. Políticos renombrados insultan y mienten acerca de los ciudadanos que expresan de forma pacífica su hartazgo, desilusión y rabia ante un sistema generoso en injusticia y desigualdad que los oprime, explota e ignora cuando mayor asistencia necesitan. En Madrid es delito buscar comida en un contenedor.
















¿Celebramos que ETA decida dejar de matar? Sí, porque el asesinato no puede ser argumento ni objetivo. Pero no hay razones para una alegría completa. El terrorismo sigue existiendo. Afortunadamente llega el final de una de sus manifestaciones. Queda, sin embargo, el ejercido por el Estado. Que no por maquiavélico y amparado por leyes es menos pródigo en terror. Ahora sabemos que no nos matará una bala o una bomba de ETA. Pero lo cierto es que hay más formas de ser extorsionados o de que nos destrocen la vida. 

jueves, 20 de octubre de 2011

La rebeldía de los mansos

Dedicado a Rafael Narbona por remover conciencias
















"Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada... ". Así cantaba Pablo Milanés al referirse al Chile dominado por Pinochet. Y sí, este genial cantautor volvió a caminar por aquel asfalto tan lleno de sangre y tan vacío de pisadas desaparecidas. Pero el criminal murió en su cama. Como lo hacen casi todos. Mientras nosotros, los humanos del “mundo libre”, creemos los sistemas totalitarios circunscritos a los libros de historia o a la pantalla del televisor sintiéndonos a salvo en el espacio y en el tiempo. Un error.
















Las dictaduras se ajustan maquiavelicamente al momento, al lugar y a la conciencia social de los ciudadanos. Ningún estadista utilizará las armas para gobernar despóticamente si las urnas le confieren potestad para hacerlo. No es necesario que los "pacos" circulen para imponer su orden, basta con plasmarlo en una Carta aparentemente democrática y con establecer los mecanismos para que nada sustancial cambie. Hay un pequeño espacio para la protesta, autorizada y controlada, es cierto, pero son acciones calculadas que en definitiva legitiman al poder al hacernos creer que de él emana una supuesta libertad que no es tal.











Rafael Narbona, profesor y escritor, rebelde y realista, dice así: "La resistencia tiene a veces el color de la sangre, pero no hay otra alternativa para los que anhelan ardientemente la libertad y la dignidad". La pregunta es si pensamos que aún no han abusado lo suficiente de nosotros y nos sentimos capaces de humillarnos todavía más, o si la cobardía y el miedo a perder las ambiciones que en nosotros alimentan pero que jamás satisfarán, nos anulan hasta el punto de convertirnos en cortesanos harapientos y lamebotas a cambio de tres monedas y condenando a que nuestros hijos lo hagan mañana por dos.













Llegan las elecciones y la historia se repetirá. En esta versión moderna del Pacto de El Pardo, los Cánovas y Sagasta de turno seguirán alternándose en el poder. Esta vez toca que el Pueblo aúpe a los conservadores, perdón: a los más conservadores todavía. Y parece no importar que su gestión alimente a quienes nos han convertido en pordioseros. Resulta estremecedor que los ciudadanos víctima de estas hidras al amparo de los gobiernos, entreguen los cuchillos a sus verdugos y agachen la cabeza para facilitar su degüello.











Esperanza Aguirre llamó camorrista y pendenciero al movimiento 15M. Tal vez sea el momento de reinventar esa rebeldía de pancarta y empezar a dar razones a la Presidenta para que se le hiele su falsa sonrisa y comience a tragar saliva ante el temor de que se derrumbe su amado sistema. No, no hay camorra ni pendencia Señora Condesa consorte, es la búsqueda de una justicia e igualdad reales. Y sólo falta que nos sacudamos el yugo de la mansedumbre impuesto por su domesticación para ocupar bancos, gasolineras, Ayuntamientos, Parlamentos de Comunidad o el Congreso. Sin violencia, por supuesto, que de ponerla ya se encargan ustedes. Tal vez así nuestra indignación deje de hacerles tanta gracia y las dictaduras no mueran de viejas, tampoco las encubiertas. O eso, o a seguir diciendo que llueve mientras nos orinan encima.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Reconciliación y desmemoria



Tengo memoria. No es que sea gran cosa pero me he ido apañando con ella. En el colegio los profesores me decían que la ejercitase para recordar conceptos. Lo que jamás me pidieron es que renegase de utilizarla y que en su lugar me reconciliase con fechas, fórmulas, capitales, ríos o tratados aunque nunca los pudiese citar. Y no lo hice ni lo haré, pues no creo que la amnesia sea la elección más conveniente para el ser humano y menos cuando hablamos de crímenes. Tal vez sí para los verdugos, pero esos jamás merecen la misma consideración que las víctimas.

Pretender, como algunos ahora, que el Valle de los Caídos sea un símbolo de reconciliación, me parece simplemente obsceno, un escupir sobre los represaliados de la historia reciente afirmando que la saliva es bálsamo para sus huesos descarnados. La Fundación Generalísimo Francisco Franco así llama a Cuelgamuros: “Lugar de reconciliación y paz”. Y eso lo hacen los que ensalzan la figura de un criminal con miles de muertos en su haber. Pero más patético y doloroso resulta todavía que sigan tan inmundo ejemplo políticos de esto que llaman democracia.



Los asesinatos, antes que de reconciliación, necesitan de justicia. Y ésta, más allá de aplicarle la pena a los culpables, pasa también por reparar en la medida de lo posible a los damnificados. Claro está que no vamos a sacar de sus nichos a los responsables, - fallecidos como están la mayoría (no todos y alguno me viene a esa memoria que quieren que pierda) - pero sigue habiendo miles de restos humanos en fosas, vestigios óseos de fusilados por oponerse al fascismo o por simples venganzas, padres, madres, hermanos y abuelos que sus familias están en pleno derecho de recuperar.

No puede haber reconciliación a través de un olvido impuesto e interesado. En aras de una pretendida transición a las libertades en España jamás se ha tenido la valentía, la dignidad y la decencia de condenar, con nombres y apellidos, los terribles episodios de una dictadura no tan lejana. Y se ha puesto más empeño en lograr esa amnistía física y moral para los homicidas, que en devolver lo poco que se puede a quienes murieron a sus manos y a sus deudos: una tumba donde recordar - sin afán de revancha pero sin desmemoria - que en ella reposa un ser humano asesinado por fascistas con ideas no tan diferentes a algunas que siguen perviviendo.

Nos explicaron la transición como “la ruptura pactada”. En ciertos aspectos se adivina más un continuismo que un quiebro en el camino. Sobró pacto con lo más mezquino del pasado y faltó emprender la travesía hacia la verdad. Supongo que en aquel momento no nos quedó otra que ingerir las amargas pastillas democráticas con tanto sabor a últimas voluntades del Caudillo, y pasarlas por la garganta con las lágrimas que nos tragamos al contemplar cómo los criminales permanecían impunes.

La rabia y el dolor de los inocentes, las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura, el sufrimiento, el miedo, los robos, los desaparecidos, los miles de asesinatos… De toda esa barbarie nos queda la certidumbre de que jamás tuvieron la decencia y el coraje de devolver la dignidad a muertos y vivos, ni de señalar y condenar a los culpables. ¿Y ahora nos piden reconciliación? Exhumen todos los huesos de las cunetas, reescriban los hechos y conviértanlos en historia - pero la real, no la que les interesa - para que las próximas generaciones los conozcan tal como fueron, abandonen ya ese navegar entre dos aguas porque los vencedores del levantamiento fascista fueron unos y los represaliados otros, no hubo paridad. Hagan justicia, esa que llevamos esperando más de treinta y cinco años y tal vez después, podremos hablar de reconciliación. Mientras tanto la memoria del pasado y la cobardía del presente lo impiden.

domingo, 7 de agosto de 2011

La sorprendente piña real

Este hombre de vez en cuando debe de tener fogonazos, pero sólo son eso: explosiones de luz efímeras que en vez de iluminar, ciegan. Me estoy refiriendo al Rey y a esa observación suya que numerosos medios, incorregibles meapilas zarzuelinos, han destacado como si estuviesen recogiendo la quintaesencia del pensamiento socrático.

Pero a pesar del revuelo mediático – tan habitual cuando al hecho, por más nimio que sea, le acompaña el adjetivo regio – no lo entiendo más que como un cubrir la nómina haciendo algo diferente a colgar medallas a toreros, asistir a recepciones, presenciar corridas, participar en regatas, cazar osos y presidir desfiles embutido en un traje militar jalonado de galones y condecoraciones conseguidas a base de… apellido.

Si la apoteósica frase que le dirige a los partidos invitándoles a “hacer piña sin caer en batallitas” es su única aportación a la situación económica y a la tragedia social en la que estamos inmersos, entonces es preferible el silencio, porque al menos la ausencia de sonido no llevará aparejada la ignorancia o la doble intención que se podría extraer de estas palabras, en todo caso, sea cual sea la fuente de la que beben, nos ilustran y mucho sobre el que las pronuncia.

¿”Hacer piña”? ¿Podría explicarme Don Juan Carlos en torno a qué tendrían que hacer piña los grupos políticos al referirnos a esto que llaman crisis? ¿Tal vez alrededor de la decisión de cortar unas ayudas al desempleo que eran los únicos ingresos percibidos por muchas familias? ¿O de las inyecciones económicas a entidades bancarias sin que en modo alguno reviertan en los ciudadanos? ¿Piña para las regulaciones de empleo en empresas que producen beneficios? ¿Para las privatizaciones de servicios esenciales? ¿Acaso en destinar medio centenar de millones a la visita de Benedicto XVI? ¿En acallar protestas más que legítimas y cargadas de razón con las porras? ¿En los desahucios? ¿O en una monarquía impuesta que no es barata, por cierto?

Existen formaciones políticas y de otra naturaleza –  esto es algo que a buen seguro Usted sabe – que rechazan el capitalismo como orden de organización social y económica, al entender que en los principios que lo sustentan se hallan las verdaderas razones de estos episodios de extensión de la miseria que no hacen más que salpicar un continuo estado de reparto injusto y desigualdad. ¿Cree verdaderamente que esos grupos podrían hacer piña con los que promueven y defienden un modelo de economía y de sociedad como el actual? Si la respuesta es sí denota un gran desconocimiento. Si es no, entonces es que en su fuero interno sólo son válidos y aceptables ciertos partidos, no todos.

A esa piña, Señor Juan Carlos, siempre le faltarían algunos gajos. Y comprendo que sean precisamente los más “molestos”, los incorrectos, los que la ley – aunque a veces lo intenta – no puede prohibir pero sí trata de denostar. En ocasiones directamente y en otros casos simplemente favoreciendo al resto. Gajos que se les indigestan a muchos estadistas porque representan un peligro para sus privilegios y los de los suyos. Pero gajos que están ahí a pesar de que a menudo actúen y legislen como si no existieran.

Entiendo que su fórmula magistral sea del agrado del Señor Botín o del Señor Alierta. Y también que aplaudan sus palabras los señores Rajoy y Rodríguez Zapatero entre otros muchos. Pero hay más, mal que les pese a algunos hay más. Y eso que Usted denomina batallitas entre pares no creo que sea lo verdaderamente les preocupe a los primeros, sino otro concepto, el de lucha social. La protagonizada precisamente por los que jamás podrán hacer piña con aquellos que representan la pervivencia de lo que rechazan.

Una frase que no pocos consideramos desafortunada, se lo aseguro. Pero muy ajustada a quien la ha pronunciado, eso también es cierto.

jueves, 28 de julio de 2011

Fascismos que nunca se fueron

Cuando iba a cumplir dieciocho años, una noche, a la salida de una discoteca, un grupo de siete jóvenes de mi edad me arrastró hasta un callejón cercano y sin iluminación. Allí fue tal la paliza que me propinaron que pasé casi cuatro horas en metido un quirófano. ¿El motivo?, llevar en mi reloj una pegatina con la bandera republicana. Eran otros tiempos. ¿O no?

Aquellos chavales pertenecían a familias con nombre y poder Vigo, vinculadas en algún caso a la extrema derecha, razones por las que a pesar de interponerse una denuncia y de ser reconocidas mis lesiones como graves por un médico forense de la policía, el siete contra uno se saldó sin la menor consecuencia para los agresores.

Está claro que ya antes de aquel suceso yo simpatizaba con ideas de izquierdas, pero ser víctima de un acto cobarde y brutal como ese, no hizo más que reafirmar mi aborrecimiento a los idearios fascistas y entender hasta qué punto sus defensores pueden ser personajes peligrosos.

Pero tantos años después parece que en vez de mejorar hemos ido a peor, pues la aparente lejanía temporal de esas ideologías antes instaladas claramente en el poder y el maquillaje pseudodemocrático de las que permaneciendo, han cambiado su discurso modificando las formas pero no el fondo, han logrado lo que se proponían: que la sociedad deje de considerarlas como algo a evitar y que muchos ciudadanos sucumban a su perversa seducción.

A día de hoy, una ultraderecha bastante similar a la de hace unas décadas, es la que gobierna en muchos lugares y propugna cuestiones tales como: la explotación cada vez mayor de los obreros y la precariedad laboral, el recorte de los servicios sociales, la privatización hasta del aire, las ayudas a la banca, la permanencia de corruptos en el poder, la condena de movimientos como el 15M, la continuidad de episodios de maltrato animal como la tauromaquia y su declaración como Bien de Interés Cultural, las posturas xenófobas y homófobas o el etiquetado masivo de todos aquellos que les resultan molestos como “antisistema” o “terroristas”.

No son pocos los nombres propios que abanderan un credo tan radical, buena parte de ellos instalados en el poder político o mediático. Verdaderos formadores de opinión e inductores de conductas, están consiguiendo que se extienda lo que nuestros mayores combatieron hasta las últimas consecuencias: un fascismo feroz que recorta libertades, acrecienta desigualdades y pervierte el concepto de justicia. En pleno 2011, es muy triste e inquietante pensar que vuelven (o no se fueron) aquellos tiempos en los que por ser librepensador y de izquierdas podías acabar tirado en un callejón oscuro desangrándote. O eso o entre rejas.